El divorcio es ahora alcanzable, pero ninguna ley puede evitar la angustia y el sentimiento de fracaso que sobreviene con la ruptura de un matrimonio.
Los sentimientos y el divorcio:
• Aunque el matrimonio haya resultado desgraciado durante cierto tiempo anterior al divorcio, los días y las noches pueden parecer muy vacíos sin la persona a la que usted “querría odiar”.
• Aprender a vivir sin el otro puede suponer la difícil experiencia de la soledad, especialmente si usted no ha vivido nunca de semejante manera.
• Si los hijos viven con usted, resulta tentador tratar de utilizarles como sustitutivo, pero al final no es bueno para ellos y, además, los hijos no llenan el vacío.
• Es probable que las personas divorciadas, amén de la privación emocional, experimenten también una privación económica.
• Una reducción en su nivel de vida determinará, asimismo, sentimientos de inseguridad y de agravio que es preciso superar.
• Aunque un divorcio puede conducir a una nueva vida especialmente si ambos conyugues han sido incapaces de realizarse completamente en el matrimonio, habrán de aceptar, en primer lugar, el final de su relación anterior.
• Carece completamente de realismo el que ellos mismos o sus amigos esperen al principio una postura positiva y optimista; por lo general, el futuro parece sencillamente aterrador.
• A menudo se produce una frenética necesidad de cambiarlo todo, de vaciar los armarios, de echar fuera objetos y enseres, de prescindir de amistades y de mudarse de casa.
• Pero, en esta época, sumar más cambios a los que ya supone por sí mismo el divorcio, habitualmente origina la aparición de nuevos problemas.
¿Dónde obtener ayuda en caso de divorcio?
• Es posible que la reacción de la familia y de los amigos no sea positiva o que, incluso, empeore las cosas. Puede que se sientan sorprendidos o que tomen posición respecto del conflicto; algunos se marginarán por completo de la situación.
• Por lo general, las personas que más ayuda prestan son quienes han conocido una situación semejante o aquellas cuyas relaciones son lo suficientemente seguras y cómodas para incluir en ellas a un extraño o a una extraña sin el temor de que pueda arrebatarles su propio cónyuge.
• Sin embargo, hasta con los amigos más íntimos o con los miembros de la propia familia resultará quizá difícil hablar de ciertas cuestiones que resulten demasiado reservadas. En esos casos puede servir de ayuda unas cuantas visitas a un psicólogo o a un experto en estas cuestiones.
• De las preocupaciones iniciales que siguen a un divorcio forman también parte las cuestiones de carácter práctico: dónde y cómo vivir. Por lo general, cabe recabar la ayuda de las oficinas cívicas de asesoramiento, de las entidades benéficas, de las asociaciones de separados y de los organismos legales que entienden de tales materias.
• A veces, la tensión emocional y física de un divorcio es causa de insomnio, de la pérdida del apetito, de un “shock” o de depresión. Si le sobrevienen estos casos, debe acudir al médico. Cuanto menos duerma, más insuperables se le antojarán los problemas.
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Quedar como amigos después de una ruptura:
• La súper civilizadísima idea de que los divorciados pueden quedar como “buenos amigos” carece habitualmente de sentido de la realidad, pero todo el mundo saldrá beneficiado si la amargura y el resentimiento resultan mínimos.
• Las cuestiones principales que han de ser decididas en un divorcio son el mantenimiento y el acceso a los hijos: una batalla legal en torno a estos temas puede ser causa de un considerable infortunio.
• Es vital que los participantes en un proceso de divorcio, tras escuchar la opinión de sus abogados respecto del procedimiento jurídico adecuado, expresen muy claramente lo que ellos quieren.
• En el caso del abogado, su papel estriba en conseguir para su cliente el mejor resultado posible, pero es usted quien ha de decidir si a la larga es deseable presionar hasta el límite.
• ¿De qué sirve, por ejemplo, exigir una mayor asignación de mantenimiento que el otro cónyuge no puede permitirse y que provocará amarguras aún mayores entre ustedes y, a su vez, afectará a los hijos? El mejor resultado legal no es siempre el mejor resultado social o práctico.
• Una vez trabada la “batalla” entre los dos cónyuges, puede prolongarse durante años, impidiéndoles olvidar el pasado y comenzar una nueva vida.
• Frecuentemente surgen dificultades sobre la tramitación del mantenimiento, bien porque no hay bastante dinero o porque alguien se resiste a pagar tanto. Cabe la posibilidad de que sea necesario volver al juez para obtener una resolución ejecutiva en el caso de que no se pague el mantenimiento o de que haya habido una variación en las circunstancias, pero ello no significa necesariamente que se percibirá el dinero. En realidad, un pago diferido o no realizado puede ser utilizado por un cónyuge para controlar o castigar al otro.
• Los hijos son, a veces, utilizados de manera similar como “arma” uno de los esposos impide el acceso del otro a sus hijos o les previene en su contra o incluso les emplea como “espías” en la casa del otro cónyuge.
¿Y los hijos después de un divorcio?
• Los divorciados se sienten frecuentemente culpables por los efectos que la separación puede tener en sus hijos, especialmente si éstos son lo suficientemente pequeños como para vivir en el hogar.
• Pero si los hijos pueden sentirse queridos, considerados por sí mismos y si se mantienen en contacto con el padre y con la madre, al final la situación les será mucho más favorable que si vivieran con un matrimonio que no se entiende.
• Lo malo es que los divorciados se ocupan a veces tanto de sí mismos que marginan a los hijos; es probable que éstos se sientan aislados, infortunados y, probablemente, también culpables.
• Como en el caso de la muerte del padre o de la madre, cuando los hijos se consideran de alguna manera responsables de su fallecimiento, así también es posible que consideren que ellos han sido la causa de la separación de sus padres.
• Finalmente, es indudable que los padres que llegan a aceptar el final de su matrimonio de una forma que les resulte tolerable, se hallarán, por añadidura, en mejor posición para ayudar a sus hijos.
¿Después de un divorcio cuando me puedo volver a casar?
• Evidentemente, el divorcio no aleja a las personas del matrimonio, puesto que las dos terceras partes de los divorciados vuelven a casarse. Cuanto más jóvenes, mayores son las probabilidades de que se casen otra vez. Sin embargo, la razón del divorcio determinará si pueden confiar en alguien lo suficiente para volver a contraer matrimonio.
• Por ejemplo, una esposa que abandona a un marido alcohólico después de años de inseguridad y de bruscas alteraciones de carácter, es posible que llegue a apreciar la paz de vivir sola.
• Sin embargo, si la experiencia no ha enturbiado sus relaciones hacia el sexo opuesto en general, y si son capaces de aceptar su propia responsabilidad en la ruptura matrimonial, los divorciados se mostrarán más proclives a establecer nuevas relaciones y estarán preparados para aprovechar una segunda oportunidad.
• Pero no es una buena idea precipitarse a toda prisa hacia un segundo matrimonio. Es comprensible, pero no aconsejable, sucumbir al deseo de llenar el vacío, tanto si el cónyuge que dejó de serlo era amado o resultaba agradable, como si se le odiaba o tan sólo se le toleraba. En el caso de que los divorciados recientes conozcan desde hace años a una persona que pueda ser su pareja y aunque su matrimonio fuese prácticamente inexistente, el divorcio, inevitablemente, modificará sus sentimientos.
• El proceso de acomodación tras un divorcio lleva tiempo, quizá un año o más aún. Pero, para la mayoría de las personas, llega por fin un día en que desaparece la tensión que ha rodeado al divorcio y en que pueden empezar a disfrutar de una nueva vida.