Hace tiempo un hombre castigó a su pequeña hija de tres años por desperdiciar un rollo de papel dorado para envoltura. El dinero le era escaso en esos días, por lo que explotó en furia cuando vio a la niña tratando de envolver una caja.
Esto es para ti, papá.
Él se sintió muy avergonzado, sin embargo, cuando abrió la caja y la encontró vacía, otra vez gritó con ira:
¿Acaso no sabes que cuando se da un regalo se supone que debe haber algo adentro?
La pequeña volteó hacia arriba y con lágrimas en los ojos le dijo:
¡Papito, no está vacía! Yo soplé besos dentro de esa caja y todos son para ti.
El padre se sintió morir. Rodeó con sus brazos el cuerpo de su hija y le suplicó que lo perdonara.
El hombre guardó esa caja dorada cerca de su cama por años, y siempre que se sentía derrumbado, tomaba de ella un beso que le recordaba el amor que su hija había depositado tiempo atrás allí.
Historia de la caja de besos de una niña
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Historia de la caja de besos de una niña
Cuantas veces nos preocupamos por cosas insignificantes en vez de valorar los sentimientos importantes que incondicionalmente nos rodean y nos pertenecen. Ni siquiera nos paramos un segundo a pensarlas y entramos en modo defensivo. Es fácil dejarse arrastrar en un momento dado por un hilo de enfado o furia con más o menos razón pero detengámonos un momento antes para cerciorarnos de los motivos y razones y, luego si es merecedor de nuestro enfado actuémos. Tal vez se produjo por inocencia ó desconocimiento, evitémoslo entonces razonándolo. Descartemos malentendidos, malos ratos y bochornos por estar equivocados.