La viejita de los quesos

Había una viejita llamada Matilde que tenía una cabra que daba demasiada leche, con la leche que daba la cabra hacía quesos y los vendía en el mercado.



Willy el granjero y vecino de doña Matilde, también hacía quesos y tenía muchas cabras pero sus cabras daban menos leche que la cabra de la viejita.

Todos los días, mientras ordeñaba sus cabras, Willy se preguntaba muy enojado: “¿Cómo le hará la viejita para hacer tantos quesos con la leche de una sola cabra? ¿No será bruja?”.
Una noche mientras todos dormían, Willy entró al corral donde se encontraba la cabra de la viejita, dejo una cabra suya y se llevó la de la viejita.
Por la mañana, cuando Matilde se levantó a ordeñar su cabra, se dio cuenta que no era la suya, sin embargo no le importó a Matilde la ordeñó como si nada y dio tanta leche como la otra.

Al medio día, Matilde se encontró a Willy en el mercado y le dijo: “¿Así que hiciste muchos quesos con la leche de mi cabra?”
Respondió Willy: “No, sólo me dio leche para un queso malhecho”, Matilde le dijo: “Ya vez por envidioso te robaste mi cabra pero no mi secreto, mi secreto no es la cabra, sino con la alegría que hago mi labor”.

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