Los problemas por sí no son problemáticos; lo que genera los daños es la manera en que terminan afectándonos. En otras palabras lo que nos derrota es tirarnos a la lona sin antes de haber luchado.
Y es que esta perdida de ganas de vencer a la adversidad es una sensación tan poderosa que puede llegar a convencernos, de manera engañosa, de que nada de lo que hagamos tendrá sentido y que lo malo se quedara, y si a eso áñades los bombardeos constantes de mensajes sobre la inminencia de problemas (sociales, políticos, económicos, laborales, naturales), se ha estimulado un incremento en el desaliento y la desesperanza.
El "para que luchar" se transforma en un "que mas se podía esperar", de manera que la visión de lo que ocurre se vuelve monocromática. La vida es un valle de lágrimas.
Serenidad y paciencia
Como los chefs, veamos primero que ingredientes tenemos para hacer el pastel, es decir, a que nos estamos enfrentando.
Cualquiera puede resolver los problemas
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